Jugar... tan sencillo como eso. Creer, jugar, crear... jugar para crear, crear para creer, creer para jugar.
Jugar es sinónimo de soñar. ¿Vos no soñás? Qué lastima che, te compadezco... claro, a lo mejor te enseñaron (desde que eras muy chiquito) que los niños deben convertirse en adultos (¿o es adúlteros?); seguramente es eso. Te decían "No hables cuando lo hacen los grandes", "Respetá a tus mayores" y toda esa clase de basura que suelen decir los grandes.
Y claro, es obvio, con el tiempo adquiriste ese aplomo mundano, esas ansias de progreso, de resignación ante tu suerte, y ahí es cuando mueren los sueños.
Te propongo algo...seguí jugando en secreto, vení a jugar con nosotros; esa resignación miserable que llaman "madurez" no existe en nuestro mundo; vení y jugate todo... todo a una sola carta, sin guardarte nada para la vuelta... el que no arriesga no pierde. Mirá, yo ayer nomás, de puro distraído, de puro enamorado, dejé el corazón de propina en algún lado.
¿No querés jugar con nosotros? Nuestros juegos pueden parecer tristes, pero son muy divertidos....
Nosotros jugamos a que un buen verso salva una vida, jugamos a pensar, a enloquecernos con un acorde, a renunciar a los pequeños triunfos; jugamos a emocionarnos, a que una melodía vale más que la riqueza, a que el amor vale más que la prosperidad, jugamos a vivir como si aún no nos hubiera sucedido lo mejor.
Pero ojo, que por ahí andan sueltos los que se burlan de nosotros y nos invitan a crecer, las personas razonables. Te van a convidar el facilismo, el conformismo, la mediocridad. Pero eso no forma parte del mundo de los juegos; porque los juegos, la fuente de la juventud eterna, es cosa de gente seria.
Heinrich Fittman
viernes, 12 de octubre de 2007
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